¿Qué convierte a un escalador excepcional en una figura capaz de cambiar la manera de entender el alpinismo? La historia de Marc-André Leclerc responde a esa pregunta con ascensiones en Patagonia, las Montañas Rocosas canadienses y Alaska, pero también con una forma muy personal de entender el riesgo, la aventura y la libertad. Aquí repaso su trayectoria, sus escaladas más importantes, la diferencia entre solo alpino y solo integral, y las lecciones que su vida deja para quienes aman la montaña.
La trayectoria de Leclerc en cuatro claves
- Origen: nació en 1992 en Nanaimo, Columbia Británica, y creció cerca de grandes zonas de escalada.
- Especialidad: destacó en el alpinismo en solitario, la escalada mixta, el hielo y las primeras ascensiones.
- Grandes logros: realizó solos invernales de Torre Egger y de la cara del Emperador del monte Robson.
- Final: desapareció en 2018 durante el descenso de una nueva ruta en las Mendenhall Towers, Alaska.
- Legado: el documental The Alpinist acercó su historia a un público internacional en 2021.
De la Columbia Británica a las grandes paredes
Leclerc nació el 10 de octubre de 1992 en Nanaimo, en la costa oriental de la isla de Vancouver. Su familia se trasladó a Agassiz, una comunidad situada cerca de las montañas y de las zonas de escalada de la Columbia Británica. Allí encontró un entorno poco convencional para formarse: roca, bosques, senderos y paredes que podía explorar por su cuenta.
Comenzó a escalar en interiores durante la infancia y pronto pasó a la roca natural. En la adolescencia ya frecuentaba Harrison Bluffs y participaba en competiciones juveniles. Aunque obtuvo buenos resultados, la competición nunca pareció ser su destino principal. Lo que realmente le atraía era aprender a moverse por terrenos salvajes, muchas veces sin rutas evidentes ni la comodidad de una infraestructura cercana.
Su formación combinó estudio autodidacta, práctica constante y contacto con alpinistas experimentados de la región. El American Alpine Club destacó que no se limitaba a repetir técnicas conocidas, sino que absorbía la historia de la escalada y la convertía en una herramienta propia. Esa mezcla explica por qué podía pasar de una pared de roca técnica a una arista de hielo o a una ruta mixta sin perder capacidad de adaptación.
Después de terminar sus estudios se instaló en Squamish, uno de los grandes centros de escalada de Canadá. Allí empezó a construir una reputación sólida con ascensiones rápidas y técnicamente exigentes. En 2013 realizó la primera ascensión libre de The Last Temptation of St. Anthony, graduada en 5.13a, y también destacó por un solo rápido de la Grand Wall.
Las ascensiones que definieron su carrera
La carrera de Leclerc fue breve, pero concentró una cantidad extraordinaria de primeras ascensiones y solos difíciles. No buscaba únicamente subir montañas famosas. Le interesaban las líneas creativas, los recorridos poco repetidos y la posibilidad de resolver una pared como un problema completo, desde la aproximación hasta el descenso.
| Año | Ascensión | Por qué fue importante |
|---|---|---|
| 2014 | Travesía enlazada del monte Slesse | Completó tres grandes rutas en solo integral en unas 12 horas y 4 minutos. |
| 2015 | The Corkscrew, Cerro Torre | Primera ascensión en solitario de una de las rutas más exigentes de la Patagonia. |
| 2015 | Tomahawk/Exocet, Aguja Standhardt | Realizó un solo integral a vista en terreno de roca, hielo y escalada mixta. |
| 2016 | Infinite Patience, monte Robson | Primera ascensión en solitario de esta gran ruta de la cara del Emperador. |
| 2016 | Pilar Este de Torre Egger | Primera ascensión en solitario durante el invierno patagónico. |
| 2018 | Cara norte de las Mendenhall Towers | Nueva ruta abierta junto a Ryan Johnson poco antes de su desaparición. |
Uno de los episodios más reveladores ocurrió en el monte Slesse. El enlace de varias rutas exigía resistencia, orientación y una gestión muy precisa del tiempo. La cifra de 12 horas y 4 minutos impresiona, pero reducirlo a un récord sería quedarse corto. La dificultad real estaba en mantener la concentración mientras cambiaban la roca, el desnivel y las exigencias técnicas.
También realizó la ascensión libre de la Muir Wall, en El Capitan, una pared de aproximadamente 900 metros en Yosemite. En este caso, el interés no estaba en subir sin cuerda, sino en escalar la ruta utilizando la dificultad propia de la pared y sin recurrir a métodos artificiales para superar los largos. Esa diferencia suele perderse cuando la historia se cuenta únicamente como una colección de hazañas extremas.

Patagonia fue el escenario de sus retos más audaces
La Patagonia argentina ocupó un lugar central en la evolución de Leclerc. El Cerro Torre y las agujas del macizo del Chaltén reúnen granito vertical, hielo, viento intenso y cambios meteorológicos que pueden transformar una ascensión en cuestión de horas. Para mí, este entorno explica mejor que cualquier adjetivo por qué sus logros fueron tan excepcionales.
El solo de The Corkscrew
En 2015 completó la primera ascensión en solitario de The Corkscrew, en el Cerro Torre. La ruta combinaba escalada de roca, hielo y terreno mixto, que es la modalidad en la que se alternan o integran varios tipos de superficie. No era una simple subida sin compañero, sino una operación compleja en la que cada decisión de progresión y descenso dependía de él.
Ese mismo periodo realizó el enlace de Tomahawk y Exocet en la Aguja Standhardt. El valor de esta actividad está en la continuidad. Leclerc no se especializaba en un único gesto técnico, sino en sostener durante muchas horas un nivel alto de precisión, lectura del terreno y autocontrol.
La Torre Egger en invierno
En 2016 consiguió la primera ascensión invernal en solitario de la Torre Egger por el Pilar Este. Con ello completó solos de las tres principales torres del macizo del Torre, un conjunto que también incluye el Cerro Torre y la Aguja Standhardt. Las condiciones invernales añadían frío extremo, menos horas de luz y mayores dificultades para encontrar hielo y protección fiable.
La revista Climbing lo presentó como uno de los alpinistas en solitario más audaces y prolíficos de su generación. La descripción es acertada, aunque prefiero añadir un matiz: su grandeza no procedía solo de aceptar peligro, sino de saber leer cuándo una montaña podía escalarse y cuándo era mejor cambiar el objetivo.
Solo alpino no significa siempre escalar sin cuerda
Una de las confusiones más habituales al hablar de Leclerc consiste en llamar “escalada en solitario” a cualquier ascensión sin compañero y asumir que siempre se realizaba sin cuerda. En realidad, el solo alpino significa progresar sin un compañero de cordada, mientras que el solo integral o free solo implica escalar sin cuerda ni sistema de protección durante el tramo correspondiente.
Leclerc practicó ambas modalidades, además de escalada tradicional, deportiva, de hielo y mixta. Esta distinción importa porque cada disciplina exige una preparación diferente. Una ruta en solo alpino puede incluir material, rápeles y técnicas de autoaseguramiento, mientras que un solo integral elimina muchas posibilidades de recuperación ante un error.
Su ejemplo no debería interpretarse como una invitación a imitar sus decisiones. Un escalador recreativo puede aprender de su preparación, su estudio de las rutas y su capacidad para retirarse, pero no debería copiar automáticamente su nivel de exposición. La prudencia no consiste en parecerse al más arriesgado, sino en conocer las propias capacidades y los límites objetivos de la montaña.
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La preparación que suele quedar fuera de las imágenes
Las fotografías muestran la parte espectacular, pero una ascensión de este nivel empieza mucho antes. Hay que analizar la meteorología, la estabilidad de la nieve, la calidad del hielo, las opciones de retirada, la duración de la luz y el estado físico. En los relatos sobre Leclerc aparece además una atención minuciosa a pequeños detalles, desde organizar el material hasta decidir si las condiciones justificaban continuar.
Esta es la enseñanza que considero más útil para cualquier montañero. El talento ayuda, pero la diferencia suele estar en la lectura del terreno, la gestión del cansancio y la capacidad de abandonar a tiempo. Una cima no convierte una mala decisión en una buena decisión.
La última expedición en las Mendenhall Towers
El 5 de marzo de 2018, Leclerc y Ryan Johnson completaron una nueva ruta en la cara norte de la torre principal de las Mendenhall Towers, cerca de Juneau, Alaska. Desde la cumbre enviaron mensajes a personas cercanas, pero desaparecieron durante el descenso, después de que una tormenta alcanzara la zona.
Los equipos de búsqueda encontraron material y cuerdas, pero nunca recuperaron los cuerpos. Las hipótesis incluyeron una avalancha, la caída de una cornisa, desprendimientos de roca o un accidente relacionado con el descenso. La causa exacta no quedó confirmada, por lo que conviene evitar presentar una explicación definitiva como si estuviera probada.
Leclerc tenía 25 años. Su muerte transformó una trayectoria poco conocida fuera del mundo de la escalada en una historia seguida internacionalmente. El documental The Alpinist, estrenado en 2021, mostró parte de su personalidad y de sus ascensiones, aunque ninguna película puede resumir por completo la combinación de curiosidad, técnica y vida nómada que definía su manera de estar en la montaña.
Lo que la historia de Leclerc deja a quien sale a la montaña
La figura de Marc-André Leclerc no debería recordarse únicamente por los solos y las cifras. También representa una relación con la montaña basada en la exploración, el aprendizaje independiente y la búsqueda de objetivos con sentido personal. Esa mirada resulta más valiosa que la tentación de convertir cada ascensión en una competición.
Mi conclusión es sencilla. Admirar sus logros exige reconocer su excepcionalidad, no copiar sus riesgos. Para la mayoría de los montañeros, el legado más sensato consiste en estudiar mejor, moverse con humildad, respetar el clima y regresar con seguridad, porque la verdadera aventura no termina al alcanzar la cumbre, sino al volver a casa.
